Foto: Cortesía Carne Piedra y Brasa
En Zona Esmeralda hay restaurantes para salir a comer y volver a casa; Piedra y Brasa, en City Center, es de esos lugares donde el ambiente, el sabor y el servicio pueden alargar la visita hasta ocho horas.
Entre cortes a la brasa, pescados y mariscos, coctelería y un trato cercano, la sobremesa se vuelve parte del plan.
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La familiaridad se nota en la conversación entre meseros y clientes, en las recomendaciones hechas sin prisa y en las mesas que siguen ocupadas mucho después de terminar el último plato.
“Nuestro objetivo es que cada comensal se sienta a gusto, que coma rico”, dice en entrevista para Maleta de Viajes Jesús Emilio Rodríguez Reyes, gerente del restaurante.
A veces, cuenta, la visita se alarga tres, cuatro o hasta ocho horas.
El fuego está a la vista. En la cocina abierta trabaja el horno Josper, alimentado con carbón vegetal. Su calor envuelve los ingredientes, ayuda a sellar los jugos y les deja ese carácter ahumado que distingue a la cocina a la brasa.
“La cocción no es nada más de abajo hacia arriba; se encierra el calor completamente, lo envuelve”, explica Rodríguez Reyes.
El Josper transforma los cortes, pero también lo que viene del mar y los vegetales. El pulpo combina una textura firme y suave con el sabor ahumado de la brasa; los camarones también pasan por el horno y se flamean antes de llegar a la mesa.
La coliflor, por su parte, se ha convertido en una de esas sorpresas que convencen incluso a quienes suelen dejarla de lado. Aquí, la cocina se disfruta con todos los sentidos: desde el aroma del carbón hasta el primer bocado.
Los cortes llegan sobre una plancha de piedra volcánica que conserva el calor y permite ajustar la cocción al gusto.
El gerente recomienda pedirlos término medio para que cada persona pueda llevarlos a su punto. También hay opciones como el New York, además de cortes de distintas razas y calidades.
Entre los favoritos de la casa están la barbacoa de picaña, el chicharrón de rib eye y los espárragos envueltos en rib eye con salsa teriyaki.
Aunque la parrilla es el corazón de Piedra y Brasa, la carta ofrece más caminos para compartir.
El Crispy Rice de Barbacoa de Picaña combina una base crujiente con el sabor intenso de la carne; el de atún trufado con caviar suma texturas delicadas y notas más sutiles. También están las almejas a la mantequilla, el carpaccio de salmón y atún aleta azul, las costillas de elote con toque ahumado y el Spicy Miso Salmón.
“Nosotros manejamos también pescado y camarón muy rico”, dice Rodríguez Reyes.
Para quien busca algo distinto a los cortes, recomienda probar la pesca zarandeada o los camarones al Josper. La oferta incluye además platillos para niñas y niños, como hamburguesas, tenders de pollo y pastas, un detalle que refuerza el carácter familiar del lugar.
La coctelería acompaña la comida desde el primer brindis. Hay preparaciones con fruta natural y otras con concentrados, según el gusto de cada persona. Para alargar la visita, el restaurante también ofrece hookas con distintos sabores, una opción que se suma a la sobremesa y al ambiente relajado del lugar.
Los postres merecen espacio: son generosos y están pensados para compartir. La estrella es la Fresa de Dubái, una porción abundante que combina fresas y chocolate y destaca por lo que ofrece frente a su precio.
Es uno de esos finales que hacen notar la buena relación calidad-precio del restaurante. El Cheesecake Brûlée, con su capa caramelizada y frutos rojos, es otra opción para cerrar la comida.
Piedra y Brasa abrió hace siete años en Zona Esmeralda y está por cumplir ocho. Desde hace dos años cuenta también con una sucursal en Centtral Interlomas. En ambas, el fuego define la cocina; la familiaridad se construye mesa por mesa.
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