En la Antártida, ver ballenas no es una casualidad, es parte del día a día del viaje. La Península Antártica es hoy uno de los mejores lugares del mundo para observarlas en su entorno natural, sobre todo durante la temporada austral, cuando distintas especies llegan a alimentarse en estas aguas. Ir al polo sur permite entender cómo viven, se mueven y se comportan en uno de los ecosistemas más extremos del planeta. Y para la próxima temporada, llega una nueva generación de expediciones polares busca ir mucho más allá de solo mirarlas, combinando exploración, ciencia y conservación.
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Tal vez por eso, recorrer la Antártida genera la sensación constante de estar viendo algo que no puede replicarse en ningún otro lugar. No hay rutas totalmente predecibles. Solo hielo, silencio y la posibilidad de encontrarse frente a frente con ballenas, pingüinos y paisajes que cambian a cada momento. La mayoría de los destinos se planean de principio a fin, pero la Antártida se revela poco a poco, a través de la contemplación y la naturaleza en movimiento.
Ese interés creciente por expediciones más enfocadas en la vida silvestre ha llevado a la creación de itinerarios cada vez más especializados alrededor del ecosistema polar, pensados no solo para explorar la Antártida, sino para comprenderla desde una perspectiva mucho más inmersiva.
Tal es el caso de Quark Expeditions, la compañía líder en expediciones polares que, para la temporada 2027, integró Antarctic Marine Mammals: The World of Whales and Seals, una experiencia diseñada para profundizar en el universo de las ballenas y focas de la Península Antártica.
La propuesta parte de una idea simple, dejar que la naturaleza determine el rumbo. En el continente blanco, las condiciones del hielo, el viento y los avistamientos del momento son los que dictan hacia dónde navegar. Si un grupo de ballenas aparece en una bahía remota, el barco cambia el rumbo para seguirlas, transformando cada jornada en una experiencia distinta.
Ese es precisamente el enfoque detrás de esta nueva expedición, que ocurre a bordo del World Voyager, un barco diseñado específicamente para navegar algunas de las regiones más remotas de la Península Antártica. Desde ahí parten los recorridos en Zodiac, actividades científicas y sesiones con investigadores especializados en fauna marina y ecosistemas polares. Gracias a su capacidad reducida frente a los grandes cruceros tradicionales, la experiencia se siente mucho más cercana, flexible e inmersiva.
Pero más allá del asombro visual, la expedición también ofrece una mirada más profunda al ecosistema antártico. Muchas de las ballenas jorobadas que regresan cada temporada a la Península Antártica ya son reconocidas por investigadores gracias a los patrones únicos de sus colas, una técnica conocida como photo-identification, utilizada para seguir sus movimientos, comportamiento y rutas migratorias a lo largo del tiempo.
Durante la temporada austral, de noviembre a marzo, las aguas alrededor de la península concentran una enorme actividad marina. Ballenas jorobadas y minke llegan para alimentarse, mientras orcas y ballenas de aleta atraviesan corrientes rodeadas de témpanos a la deriva. Sobre el
hielo, las focas cangrejeras descansan bajo el sol polar y las focas leopardo permanecen cerca de las colonias de pingüinos. La razón detrás de esta abundancia está en el krill antártico, base de toda la cadena alimenticia marina y uno de los recursos biológicos más importantes del océano Austral.
La conexión entre exploración y ciencia cobra aún más relevancia gracias a las alianzas de Quark Expeditions con instituciones como Friedlaender Lab y Penguin Watch. A través de actividades de citizen science, los viajeros pueden colaborar con plataformas como Happy Whale mediante fotografías y registros de avistamientos que contribuyen directamente a investigaciones científicas y esfuerzos de conservación.
Al final, recorrer la Antártida no solo implica observar uno de los lugares más remotos del planeta, sino entender cómo cada encuentro desde una ballena emergiendo entre el hielo hasta el movimiento de las corrientes polares forma parte de un ecosistema en constante movimiento.
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