Foto: Casa Obsidiana
Tras tres años de poner en alto el diseño mexicano en Teotihuacán, Casa Obsidiana presenta Negro Como Mi Corazón, indumentaria y utilitarios inspirados en la grandeza de Teotihuacán.
“Somos el mayor nivel de creación que los dioses llevaron a cabo, somos hijos del maíz con corazones duros y frágiles como la obsidiana, somos negro como el sacrificio y la guerra, somos negro como la noche y el pasado, somos negro como mis raíces y mi piel, somos negro como mi corazón, mi corazón de obsidiana”
En esta primera colección textil de otoño/invierno nos muestran productos como playeras, sudaderas, paliacates y mascadas y lo mejor es que ¡Están increíbles! ¿Quieres conocer más de esta nueva marca? Sigue leyendo y descúbrelo con nosotros
El jaguar y el coyote eran animales considerados como deidades en el antiguo Teotihuacán. La silueta del coyote se representa con líneas cortas continuas de un rojo fuerte sobre un rojo tono mediano que cubren su cuerpo con las que se imita la piel del animal. Los jaguares tienen el cuerpo reticulado incluyendo las patas y la cola, la parte superior de esta, su lomo y el perfil posterior de sus patas llevan adornos similares a los de los coyotes.
La representación del corazón humano es frecuente en la pintura mural Teotihuacana. Una, como la que se encuentra cerca de la boca del tigre y del coyote, representa un corte horizontal efectuado en el nacimiento de la aorta. Las tres cavidades estilizadas en espirales expresan con fuerza el movimiento unificador. La conexión de este motivo a la vez con el Sol de Tierra, el doble subterráneo de Quetzalcóatl y el águila solar a los cuales parece estar alimentando, no deja ninguna duda en cuanto a su identificación.
Quetzalcóatl es el dios más poderoso para los Teotihuacanos, mexicas, toltecas, olmecas y mayas, aunque para estos últimos se denominara Kukulcán. Esta deidad representa la dualidad entre la condición física del hombre, por su cuerpo de serpiente, y su parte espiritual, por sus plumas.
La creencia de este dios es una de las más antiguas en Mesoamérica, todos los pueblos del México antiguo le pedían al dios para que fortaleciera las nubes y enviara lluvia.
Se dice que sus orígenes vienen de Teotihuacán dónde se han encontrado vestigios referentes al dios de la lluvia como figurillas y un santuario en su nombre. Podría tener un precursor aún más antiguo de la cultura Olmeca.
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